Quizás
error fue
hacerte saber que tempestades pasarían,
aludes y sequías
y que mi amor se eregiría
por sobre toda misera,
impávido ante tu tácita presencia.
Y sin tu tibia llovizna
de ser perece la pasión engengrada;
no perpetua, sino efímera
se apaga, penosamente
a tu sombra fría.
O no... No, peor sería
que en la cumbre de la montaña
-que separa tu risa de mi agonía-
la pasión continúe
intacta
inerte
eterna
infinita.
"Se trata de distinguir, lo que vale
... de lo que no vale la pena"