La hora dada es cero.
Arenas de tiempos adversos se desgranan
ante tu mirada y sin embargo
prevalecen silencios ácidos.
La hora dada es cero.
Aúlla melodías tu lobo y sin embargo
te rehusás a oírlas.
La hora dada es cero.
Y si leyeras este mensaje sabrías
que es el último.
Y si de él no deviniera una palabra
entonces el crepúsculo que intenté mantener durante eras
por fin se haría madrugada.
No hay un "después" de esto. Espero que quede claro, Sebastián.