Sólo existe el tiempo.
Dentro de espesa vorágine onírica, materia y realidad son conceptos ridículos.
Sólo existe el delirio.
Propio, quizás ajeno. Una consciencia que pareciera responder a propia voluntad.
Sólo existe el presente.
Y es tan condenadamente parecido al infinito que nada me asegura no ser Dios.
...*...
¿En qué momento se renuncia a la iluminación por una estúpida promesa de felicidad?
Manos incapaces de asir aquello anhelado. Manos que jamás serán suficiente, ni suficientemente poco.
Recuerdos que bien podrían ser una historia oída entre sueños, resuenan en ecos confusos mientras el shampoo se desliza por la nuca. Imágenes cínicas, argüídas por el ello y pequeños escalofríos de culpa gemidos por el superyó.
El instante de existencia. Único, irrepetible, inconmensurable, idéntico al anterior y al porvenir. Jamás será mañana.
Ignoramos de significados y significantes. Albures y destinos nos escapan en susurros que a penas podemos oír. Viento, mar y luz son partes del delirio. Rezar ¿a quién? Con la misma torcida sonrisa se ruega a los Dioses que maldecimos con ligereza. Sólo existe el tiempo. Un momento, repetido. Hoy, ahora.
Caídas a puntos sin lugar. Palabras sin sonido. Oxímoron que puedas o no concebir
... de igual manera caminarás el camino,
guiado por la calidez del Sol
... buscando, tal vez, sentidos
y comprenderás pronto
pues los días pasan
-sin pausa
mas, sin prisa-
que el instante conferido
-bien sea eterno o efímero-
es cielo y es infierno,
es promesa y virtud
calvario y regocijo.
Arriba; la nada.
Abajo, el vacío.
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